¿Cuándo hacer una evaluación neuropsicológica y qué información puede aportar?

evaluación neuropsicológica

Olvidar dónde hemos dejado las llaves, tener dificultades para concentrarnos después de una mala noche o necesitar más tiempo para aprender algo nuevo son experiencias habituales. Sin embargo, cuando los cambios en la memoria, la atención, el lenguaje o el rendimiento empiezan a ser persistentes o interfieren en la vida cotidiana, puede ser recomendable estudiarlos con mayor profundidad.

La evaluación neuropsicológica permite analizar diferentes funciones cognitivas y comprender cómo está funcionando una persona en áreas como la atención, la memoria, el lenguaje, la planificación o la velocidad de procesamiento.

Puede utilizarse en niños, adolescentes, adultos y personas mayores, aunque los motivos de consulta y las pruebas empleadas serán diferentes en cada caso.

No consiste simplemente en realizar un test de memoria ni ofrece por sí sola una explicación automática para cualquier dificultad. Se trata de un proceso profesional que integra entrevista, observación, pruebas estandarizadas y contexto clínico para obtener una visión amplia del funcionamiento cognitivo.

Saber cuándo puede ser útil ayuda también a entender qué podemos esperar de ella.

¿Qué es una evaluación neuropsicológica?

Una evaluación neuropsicológica es un proceso destinado a estudiar diferentes capacidades cognitivas, emocionales y conductuales y su relación con el funcionamiento de la persona.

Para ello se utilizan distintas fuentes de información.

Además de las pruebas específicas, el profesional puede tener en cuenta la historia clínica, el motivo de consulta, la edad, el nivel educativo, las actividades cotidianas y otros factores relevantes.

Esto es importante porque un resultado aislado tiene un valor limitado si se interpreta fuera de contexto.

No obtenemos la misma información de una determinada puntuación en un niño que está desarrollando sus capacidades que en un adulto que refiere un cambio reciente respecto a su funcionamiento habitual.

La evaluación debe interpretar a la persona, no únicamente los números obtenidos en los test.

¿Qué funciones se pueden evaluar?

Las áreas estudiadas dependerán del motivo de consulta.

No todas las evaluaciones neuropsicológicas incluyen exactamente las mismas pruebas ni necesitan analizar todas las capacidades con la misma profundidad.

Entre las funciones que pueden explorarse encontramos las siguientes.

Atención

La atención no es una capacidad única.

Podemos necesitar mantenerla durante un periodo prolongado, seleccionar información relevante mientras ignoramos distracciones o cambiar el foco entre diferentes tareas.

Las dificultades atencionales pueden afectar al aprendizaje, al trabajo y a numerosas actividades cotidianas.

Por eso su valoración suele formar parte de diferentes procesos de evaluación.

Memoria

Una evaluación puede analizar distintos aspectos de la memoria.

No es lo mismo tener dificultades para registrar información nueva que para recuperarla posteriormente.

También pueden estudiarse diferentes tipos de información, como contenidos verbales o visuales.

Comprender cómo aparece la dificultad proporciona mucha más información que limitarse a afirmar que alguien «tiene mala memoria».

Lenguaje

El lenguaje incluye numerosas habilidades.

La evaluación puede explorar aspectos como la comprensión, la denominación, la fluidez verbal o diferentes procesos relacionados con la comunicación.

Esto puede resultar especialmente relevante cuando se han observado cambios después de una lesión o existen determinadas dificultades durante el desarrollo.

Funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas permiten organizar nuestra conducta para alcanzar objetivos.

Incluyen procesos relacionados con la planificación, flexibilidad cognitiva, inhibición, resolución de problemas y toma de decisiones.

Las utilizamos constantemente.

Preparar una jornada de trabajo, organizar varias tareas pendientes o modificar un plan cuando surge un imprevisto requiere poner en marcha este tipo de procesos.

Velocidad de procesamiento

Dos personas pueden llegar a una respuesta correcta y, sin embargo, necesitar tiempos muy diferentes.

La velocidad con la que procesamos determinada información también puede estudiarse y aportar datos relevantes para comprender dificultades académicas, laborales o cotidianas.

Habilidades visuoespaciales y perceptivas

También puede valorarse cómo una persona percibe, organiza e interpreta determinada información visual y espacial.

Estas capacidades intervienen en muchas actividades diarias, desde orientarnos hasta copiar un diseño o manipular mentalmente determinadas formas.

¿Cuándo puede recomendarse una evaluación neuropsicológica?

Los motivos son muy diversos.

En algunos casos existe una dificultad claramente identificada. En otros, la evaluación se solicita precisamente porque todavía no se comprende bien qué está ocurriendo.

Puede considerarse cuando aparecen cambios cognitivos persistentes, dificultades académicas, problemas después de una lesión neurológica o dudas relacionadas con el desarrollo.

La decisión debería individualizarse.

Cambios de memoria que empiezan a preocupar

La memoria es uno de los motivos de consulta más conocidos.

Con la edad pueden producirse cambios normales en determinadas capacidades. Tener un olvido ocasional no implica necesariamente la existencia de una enfermedad.

La situación merece más atención cuando los cambios son persistentes, progresivos o interfieren de manera significativa en actividades que anteriormente se realizaban con normalidad.

Por ejemplo, pueden llamar la atención situaciones como:

  • Repetir frecuentemente las mismas preguntas.
  • Olvidar información reciente de manera habitual.
  • Tener dificultades nuevas para gestionar tareas conocidas.
  • Desorientarse en lugares familiares.
  • Mostrar cambios llamativos respecto al funcionamiento previo.

Estas situaciones pueden tener causas muy diferentes.

Una evaluación neuropsicológica puede formar parte de un proceso más amplio para intentar comprenderlas, junto con la valoración de otros profesionales sanitarios cuando sea necesaria.

Después de un daño cerebral adquirido

Un traumatismo craneoencefálico, un ictus u otras alteraciones neurológicas pueden afectar a diferentes capacidades.

Las consecuencias no siempre son evidentes a simple vista.

Una persona puede mantener una conversación con normalidad y, sin embargo, tener dificultades para concentrarse durante largos periodos, organizar actividades complejas o recordar determinada información.

La evaluación permite identificar fortalezas y dificultades y puede ayudar a orientar objetivos de intervención y rehabilitación.

También puede servir para observar la evolución a lo largo del tiempo cuando está clínicamente indicado.

Dificultades de atención y concentración

«No consigo concentrarme» es una frase frecuente, pero puede describir situaciones muy distintas.

Las dificultades atencionales pueden estar relacionadas con numerosos factores: problemas de sueño, estrés, ansiedad, estado de ánimo, características del neurodesarrollo, consumo de determinadas sustancias o condiciones médicas, entre otros.

Por este motivo, una prueba aislada no debería utilizarse para extraer conclusiones apresuradas.

Una evaluación adecuada estudia el patrón completo y lo interpreta dentro de la historia y circunstancias de la persona.

Evaluación neuropsicológica en niños y adolescentes

Durante la infancia y la adolescencia, la evaluación puede resultar útil cuando aparecen dificultades persistentes en el aprendizaje, la atención, la planificación u otras capacidades que afectan al funcionamiento cotidiano o académico.

En estas edades hay que considerar algo fundamental: el cerebro está en desarrollo.

Las habilidades evolucionan y las expectativas cambian según la edad.

Por eso las pruebas deben seleccionarse utilizando referencias apropiadas para el momento evolutivo.

Cuando el rendimiento escolar no refleja el esfuerzo

Hay niños y adolescentes que dedican muchas horas al estudio pero obtienen resultados inferiores a lo esperado.

La respuesta no debería ser asumir automáticamente que no se esfuerzan lo suficiente.

Puede haber dificultades relacionadas con la atención, la memoria de trabajo, la velocidad de procesamiento, el lenguaje, la planificación u otros procesos.

Comprender el perfil puede ayudar a identificar por qué determinadas tareas resultan especialmente difíciles y orientar mejor el apoyo.

Cuando existen diferencias importantes entre áreas

Un alumno puede mostrar un rendimiento muy bueno en algunas tareas y dificultades llamativas en otras.

Estas diferencias pueden proporcionar información relevante.

La evaluación permite analizar de manera más detallada fortalezas y debilidades en lugar de resumir el rendimiento mediante una única etiqueta.

¿Sirve para diagnosticar TDAH?

Esta es una duda frecuente.

Una evaluación neuropsicológica puede aportar información relevante sobre atención, funciones ejecutivas y otros procesos cognitivos, pero el diagnóstico del TDAH no debería reducirse al resultado de un único test.

La valoración requiere estudiar síntomas, desarrollo, funcionamiento en diferentes contextos y otras posibles explicaciones.

Además, dificultades de concentración pueden aparecer en problemas muy distintos.

Por eso la información neuropsicológica debe integrarse con el resto de la evaluación clínica.

¿Puede utilizarse ante sospecha de deterioro cognitivo?

Sí, puede formar parte del estudio cuando existen quejas o cambios cognitivos.

Permite describir el funcionamiento en diferentes áreas y detectar determinados patrones de fortalezas y dificultades.

Sin embargo, tampoco debería entenderse como una herramienta aislada capaz de determinar por sí misma la causa de esos cambios.

El diagnóstico de trastornos neurológicos puede requerir valoración médica, historia clínica, exploraciones complementarias y seguimiento.

La neuropsicología aporta una pieza importante del proceso: información detallada sobre cómo está funcionando cognitivamente la persona.

Cómo se realiza una evaluación neuropsicológica

Aunque el procedimiento cambia según cada caso, normalmente incluye diferentes fases.

Entrevista inicial

Antes de realizar pruebas es necesario comprender por qué se solicita la evaluación.

Durante la entrevista se recoge información sobre las dificultades actuales, cuándo comenzaron, cómo han evolucionado y de qué manera afectan a la vida cotidiana.

También pueden explorarse antecedentes médicos, psicológicos, educativos y familiares relevantes.

En niños o personas que necesitan apoyo, puede ser necesario obtener información de familiares, profesores u otros profesionales, siempre dentro del marco correspondiente de consentimiento y confidencialidad.

Selección y aplicación de pruebas

Después se seleccionan instrumentos apropiados para responder a las preguntas planteadas.

No existe una batería idéntica para todo el mundo.

Las pruebas pueden incluir tareas de memoria, atención, lenguaje, razonamiento, velocidad de procesamiento, planificación y otras capacidades.

Algunas se realizan con papel y lápiz; otras pueden emplear diferentes materiales o formatos.

Interpretación de los resultados

Esta fase es mucho más que sumar puntuaciones.

Los resultados se comparan con referencias adecuadas y se analizan teniendo en cuenta variables relevantes.

Además, se observa el patrón general.

Una persona puede obtener un rendimiento esperado en varias áreas y mostrar una dificultad específica en otra.

Esa distribución puede ser más informativa que una puntuación global.

Devolución

Una evaluación debería terminar explicando los resultados de forma comprensible.

El objetivo no es entregar una colección de cifras que la persona no sabe interpretar.

Durante la devolución pueden explicarse las principales fortalezas observadas, las áreas de dificultad y las recomendaciones derivadas de los resultados.

¿Cuánto dura una evaluación?

No existe una duración única.

Dependerá del motivo de consulta, la edad, las funciones que necesiten explorarse y las características de la persona.

Una valoración focalizada puede requerir menos tiempo que una evaluación amplia.

En algunos casos las pruebas se distribuyen en varias sesiones para evitar que el cansancio afecte excesivamente al rendimiento.

Esto es especialmente relevante en niños, personas mayores o pacientes con determinadas condiciones neurológicas.

La calidad de la evaluación es más importante que intentar completar todas las pruebas en una única sesión.

¿Hay que prepararse antes?

Normalmente no hay que estudiar ni practicar ejercicios.

De hecho, intentar entrenar específicamente pruebas neuropsicológicas puede alterar la utilidad de determinados resultados.

Lo más recomendable suele ser acudir descansado y seguir las indicaciones proporcionadas por el profesional.

También conviene llevar gafas, audífonos u otros elementos necesarios para realizar las tareas en condiciones habituales.

Si se toma medicación, no debe modificarse por iniciativa propia para realizar la evaluación. Cualquier duda relacionada con el tratamiento debe consultarse con el profesional sanitario correspondiente.

Qué información puede aportar realmente

Una evaluación bien planteada puede ayudar a responder preguntas mucho más concretas que «¿está bien mi memoria?».

Puede permitir:

  • Identificar fortalezas cognitivas.
  • Detectar áreas de mayor dificultad.
  • Describir el patrón de funcionamiento.
  • Orientar intervenciones.
  • Ayudar a planificar apoyos académicos cuando correspondan.
  • Establecer una referencia para valorar cambios futuros.
  • Complementar otros procesos diagnósticos.
  • Orientar estrategias para determinadas actividades cotidianas.

En muchos casos, poner nombre y estructura a las dificultades también ayuda a comprender por qué determinadas situaciones requieren un esfuerzo tan grande.

Lo que una evaluación neuropsicológica no puede hacer

Tan importante como conocer sus posibilidades es comprender sus límites.

Una evaluación no puede predecir con certeza cómo evolucionará una persona.

Tampoco debería utilizarse para explicar cualquier problema únicamente desde el funcionamiento cognitivo.

El estado emocional, el sueño, la medicación, el dolor, el estrés, la motivación y otros factores pueden influir en el rendimiento.

Por eso los resultados deben interpretarse dentro de un contexto clínico amplio.

Un número nunca sustituye la comprensión global de la persona.

¿Qué ocurre después de recibir los resultados?

La evaluación no tiene por qué ser el final del proceso.

En función de los resultados pueden recomendarse diferentes actuaciones.

Algunas personas pueden beneficiarse de estrategias específicas para organizar tareas o compensar determinadas dificultades.

En otros casos puede plantearse una intervención neuropsicológica, apoyo psicológico, adaptaciones educativas o valoración por otros profesionales.

También puede ocurrir que los resultados ayuden a descartar determinadas hipótesis y permitan dirigir la atención hacia otros factores.

Obtener información útil significa saber qué hacer con ella.

Cuándo pedir una valoración profesional

No hace falta esperar a que una dificultad sea extrema.

Si has observado cambios persistentes en tu funcionamiento o en el de un familiar, si determinadas capacidades están interfiriendo en los estudios, el trabajo o la autonomía, o si otro profesional ha recomendado estudiar el funcionamiento cognitivo, puede ser adecuado consultar.

La evaluación neuropsicológica no consiste en buscar problemas donde no los hay.

Su objetivo es comprender mejor qué está ocurriendo, identificar recursos y dificultades y aportar información que ayude a tomar decisiones.

En Mar Psicología, la evaluación se plantea atendiendo al motivo de consulta y a las características individuales de cada persona, seleccionando las herramientas adecuadas para obtener una visión útil del funcionamiento cognitivo.

Porque detrás de una dificultad de memoria, atención o aprendizaje no hay simplemente una puntuación. Hay una persona que necesita entender qué está ocurriendo y qué puede hacer a partir de esa información.